Los
efectos de la lluvia ácida, en combinación con otros agentes agresivos para el
medioambiente, reduce la resistencia de los árboles y plantas a las bajas
temperaturas, la acción de insectos y las enfermedades. Los contaminantes
también pueden inhibir la capacidad árborea de reproducirse. Algunas tierras
tienen una mayor capacidad que otras para neutralizar los ácidos. En aquellas
áreas en las que la «capacidad amortiguadora» del suelo es menor, los efectos
nocivos de la lluvia ácida son significativamente mayores.
La
única forma de luchar contra la lluvia ácida es reducir las emisiones de los
contaminantes que la originan. Esto significa disminuir el consumo de
combustibles fósiles. Muchos gobiernos han intentando frenar las emisiones
mediante la limpieza de chimeneas industriales y la promoción de combustibles
alternativos. Estos esfuerzos han obtenido resultados ambivalentes. Si
pudiéramos detener la lluvia ácida hoy mismo, tendrían que transcurrir muchos
años para que los terribles efectos que ésta genera desaparecieran.
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